¿Crisis de la izquierda?

Es un lugar común decir que la izquierda está en crisis. No lo creo así. Pienso que la derecha se encarga de decir que la izquierda está en crisis y una parte de ésta se lo cree. En cambio, sí creo que la izquierda en muchos casos está desorientada. En el tema de la inmigración, parece como si gente de buena fe de izquierdas hubiera adoptado en los últimos años un doble lenguaje. Un discurso para los que estamos a este lado del estrecho y otro, para los que vienen de fuera. Me atrevo a proponer que el punto de vista sobre el que juzgar situaciones que parecen nuevas sea el de las inmigrantes feministas. En concreto, recomiendo fervorosamente la lectura del libro de Ayaan Irsi Ali, Mi vida, mi libertad (Círculo de Lectores, Barcelona, 2007.)

En los periódicos, leemos muchas informaciones sobre la pobreza en África, de la práctica de la ablación del clítoris, de los matrimonios forzosos, de la desaparición de las mujeres del espacio público, de los homicidios por cuestiones de honor y un largo etcétera. En este libro, encontramos explicaciones en primera persona que emocionan, que explican, que impactan. Nos centraremos en dos elementos del libro; en primer lugar, en el choque de Ayaan a su llegada a Holanda y el choque intelectual con el laborismo holandés.

En la primera cuestión, es interesante ver cómo muchas veces damos por descontadas demasiadas cosas buenas de nuestra sociedad. Es necesario que venga alguien de fuera, de muy lejos, para ser conscientes de lo que tenemos –imperfecto, sí, pero lo tenemos y ha costado la lucha de muchos años y de muchísimas personas alcanzarlo–. Somos pocos los que tenemos estos derechos, este nivel de vida en el mundo. Evidentemente, es necesario luchar para mejorar las cosas, pero es conveniente estar alerta, no sea que retrocedamos por culpa de darlas por hechas. El segundo elemento, el choque ideológico de Ayaan con el laborismo, con la izquierda holandesa. Una izquierda, por otro lado, similar a la nuestra y con un denominador común: el buenismo y el autismo.

Ayaan nos relata con mucha finura y detalle el proceso religioso, cultural, político y social que lleva a la marginación, y al sufrimiento brutal de las mujeres. La inicial negativa del Parlamento a querer saber el número de mujeres muertas por crímenes de honor es un buen ejemplo y no el único. Si hiciésemos un debate en España, la respuesta de la izquierda sería exactamente la misma que la de la izquierda holandesa de hace diez años: no querer saber, no preguntar. Uno de los argumentos utilizados para no querer saber los datos es que no se puede construir un cuestionario con elementos étnicos o religiosos. Es decir, sabemos cuántas mujeres han muerto violentamente; pero para ser políticamente correctos, no podemos indagar por qué. Y al no poder hacerlo, el problema desaparece. Podríamos hacernos preguntas similares aquí. ¿Cuántas chicas desaparecen de las escuelas españolas en la pubertad? ¿Cuántas vuelven de vacaciones habiendo sufrido una ablación de clítoris? ¿A cuántas niñas criadas aquí las casan a la fuerza a cambio de dinero, allí? Nunca creí que tendría que escribir un artículo reivindicando el derecho de las mujeres a emparejarse por amor con quien ellas decidan. ¡Y aún me llamarán radical por decirlo!

Ayaan no engaña a nadie, ella afirma que es una política monotemática y que busca apoyos. Al final, el partido liberal, de derechas, le ofrece ser diputada y lo acaba siendo. Pero una vez inicia el debate, el Parlamento plantea que uno de los elementos más significativos de la postración de las niñas musulmanas en Holanda son las escuelas musulmanas. Y para acabar con esta situación, plantea que hay que retirarles las subvenciones públicas y/o cerrarlas. Pero, claro, primero habría que cargarse de credibilidad y aplicar el mismo criterio a las escuelas católicas. (¿Os suena de algo el debate?). Y aquí el partido liberal holandés decide retirarle la nacionalidad aduciendo que había mentido en la declaración de refugiada. Claro, ¡la habían agredido, la querían casar a la fuerza y quiso librarse de ello! Hace un documental con el cineasta Theo van Gogh y éste es brutalmente asesinado, y Ayaan, amenazada de muerte.

Es difícil que en una sola vida haya tanta desgracia. Al final, se va a vivir a EEUU y trabaja en una fundación conservadora. ¡A mí me hacen la mitad que a ella y me hago monje de los benedictinos del valle de los caídos! En fin, un libro impresionante e imprescindible para entender una parte del mundo actual y para empezar a discutir los retos que nos amenazan.

La izquierda española ¿seguirá el mismo camino o aprenderemos de los errores de los países que nos llevan años de ventaja? Ante tamaña desorientación, ¿no sería más fácil ponernos del lado de las mujeres valientes que luchan por la libertad? Creo que existe demasiado paternalismo ante situaciones que hemos vivido aquí no hace tantos años. Las mujeres no podían trabajar sin el consentimiento escrito del marido, ni abrir una cuenta corriente, tenían que llegar vírgenes al matrimonio (si no, se armaba una marimorena) y, claro, no había violencia de género, sino crímenes pasionales. ¡Y cómo nos cabreaban los turistas que decían que en la España de Franco la gente era muy feliz bañándose en verano en el mar, comiendo paella y bebiendo sangría!

Es verdad que la izquierda tiene problemas de ubicación ideológica –Solbes nos ofrece un ejemplo palmario de empanada mental– pero no exageremos. Las cosas son más sencillas. Había esclavos que no querían ser manumitidos y gente gritando viva las caenas, pero seguro que no pueden ser nuestro modelo de vida.

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